domingo, 6 de noviembre de 2011

Educación con ternura: siete principios de la disciplina efectiva

NELSON RIQUELME PEREIRA*

2011-05-14 En una ocasión, los padres de Pedro Antonio, de dos años, me preguntaron cuándo debían iniciar la enseñanza de la disciplina a su hijo. Les conteste que ya tenían dos años de atraso en su formación disciplinaria. Me miraron consternados. Procedí a explicarles las ventajas de la disciplina temprana y el papel que juega esta en el establecimiento de ciertas rutinas en el desarrollo integral del niño (rutina en la alimentación, el sueño, etc).

Les explique que la disciplina es un proceso educativo por medio del cual se le enseñan valores y actitudes al niño para que eventualmente sea capaz de dirigir su conducta. La disciplina orienta al niño y su propósito no es el control o la obediencia incondicional, es facilitarle el desarrollo de destrezas de conducta para que logre autocontrol y autodisciplina, particularmente en los momentos en que no estamos presentes.

A continuación, les expliqué algunos de los principios fundamentales para el desarrollo de un plan de disciplina para Pedro Antonio:

Entender los objetivos de conducta del niño, sus emociones y los sentimientos que genera en sus padres. Un niño puede llorar por diferentes motivos. Llora para llamar la atención y ser atendido, llora cuando quiere hacer algo que no le es permitido, llora cuando desea compartir su malestar con sus padres y llora cuando se siente incapaz de hacer algo. Consecuentemente, los padres suelen sentirse abrumados, retados, heridos y desesperados. Cada motivo de conducta (llamar a atención, problema con el poder, conducta pasivo—agresiva, demostración de incapacidad) requiere un tratamiento distinto. Por ejemplo: ignoramos selectivamente la conducta dirigida a llamar la atención. 

Ser tanto firmes como amables. La disciplina efectiva se basa en la firmeza del procedimiento que debe ser consistente, de manera que una conducta inaceptable será siempre evaluada como tal. El niño aprende a qué atenerse, porque sus conductas siempre derivan en la misma consecuencia. Y hacerlo con amabilidad y respeto al niño implica que si se es firme se puede evitar disciplinar con gritos, chantajes, coacciones, castigos y golpes. Además, si usted exige respeto consecuentemente debe demostrar respeto al niño y a sus emociones.

Evitar ser un ‘buen’ padre; es decir, evitar ser un padre complaciente que disciplina caprichosamente, de manera inconsistente o de acuerdo a lo que siente en el momento. Permita que el niño experimente algunas consecuencias de su conducta para que aprenda a asumir responsabilidad por sus propios actos. La disciplina inconsistente genera que el niño esté más atento a la reacción de sus padres que a su propia conducta y a los resultados de sus actos.

Alentar la independencia. Evite hacer por ellos lo que pueden hacer por sí mismos. Los niños mimados y los niños consentidos suelen ser muy dependientes, extremadamente apegados, muy exigentes, limitan la libertad de sus padres y requieren mucha supervisión y ayuda. No sienta lástima por sus hijos, antes bien ayúdelos a desarrollar autonomía, enséñeles a resolver problemas propios de su edad y gradualmente a tomar sus propias decisiones.

Evitar preocuparse por lo que otros piensan. Concéntrese en los valores y actitudes que son importantes para su familia y eduque a sus hijos en conformidad con tales principios sin prestar mucha atención a las opiniones de los demás. Las opiniones de otros personas si riñen con los principios, valores y actitudes que enseñamos a nuestros hijos puede estorban en vez de aportar algo.

Hablar menos, actuar más. Los niños se aprenden el repertorio de regaños de sus padres y , usualmente, obedecen cuando la consecuencia es evidente. De manera que las palabras que no se siguen de acciones no provocan obediencia, por ello, es necesario que los padres limiten sus intervenciones verbales y recurran más a las acciones. Los actos disciplinarios deben atenderse con prontitud y conversados después.

No rendirse. El proceso de enseñanza de la disciplina es arduo, escabroso y a veces lento, requiere de todo el apoyo de la familia, la unificación de criterios entre los padres y mucha consistencia, decisión y habilidad para conjugar los objetivos de la vida familiar con los requerimientos disciplinarios de los niños, por lo que no se vale rendirse. Además, el niño puede que no use todos los principios disciplinarios que usted ha tratado de inculcarle mientras esté en su círculo familiar, pero cuando los necesite por razones adaptativas, si usted se los enseñó allí estarán para ayudarle.

Estos son algunos de los principios que se aplican para desarrollar un programa de disciplina en los niños y si se siguen rigurosamente se cosecharán los frutos a mediado plazo, convirtiendo a su niños en modelo de comportamiento con autonomía, libertad y responsabilidad.

*Tomado del libro ‘Educación con ternura’.
*PSICÓLOGO. 
 Aparecido en el diario La Estrella de Panamá, sábado 14 de mayo de 2011

domingo, 9 de octubre de 2011

¿A qué edad se debe enseñar disciplina a los hijos?


Lic. Nelson Riquelme Pereira
Mgter en Orientación en Salud Mental

¿A qué edad debo comenzar a enseñarle disciplina a Gabrielito?  Me preguntó Paola.  ¿Qué edad tiene Gabrielito?, pregunte.  Me contestó que tenía dos y medio años, al punto le indiqué que tenía dos años y medio de atraso en su educación disciplinaria.

Milagros Victoria
La disciplina, en tanto educación para la vida, debe comenzar desde muy temprano en la vida del niño o niña.  Incluso antes del nacimiento los padres pueden ir elaborando, entre sus sueños e ilusiones, los criterios disciplinarios que desean aplicar.  Pueden comenzar reflexionando acerca de la educación disciplinaria que ellos mismos recibieron de sus padres y extrayendo de esta experiencia algunas ideas que puedan ser de utilidad.

Hay varias ventajas en establecer criterios disciplinarios desde temprano, entre otras:
·         El niño percibe las reglas y principios como parte de su vida cotidiana.
·         No hay momentos difíciles o traumáticos puesto que no hay transición desde una situación de indisciplina a una de disciplina.
·         Se estable un adecuado nivel de comunicación, pues la disciplina está basada en la palabra y su significado.
·         Al interiorizarse esta disciplina se logra que funcione aún en ausencia de los padres.
·         El niño asume de manera creciente control sobre sus comportamientos y la satisfacción de sus necesidades, en un clima de seguridad y libertad.
·         Se ejerce el derecho del niño de tener límites y de que el ambiente o entorno familiar se ajuste a ellos.

Sin embargo, cuando no sea posible comenzar desde el nacimiento, se puede comenzar en cualquier momento.  Esto requerirá hacer algunos ajustes en la aplicación del programa, prepararse pacientemente para comenzar y analizar la situación presente para reconocer luego los cambios.  Incluso, con mucha paciencia, se puede comenzar hasta en la adolescencia.  En todo caso, es una responsabilidad y un compromiso de los padres y adultos responsables establecer la disciplina de los niños y niñas.

Lo que no debe ocurrir bajo ninguna circunstancia es dejar de enseñarles criterios disciplinarios a los niños y niñas.  De hecho, los niños tienen derecho a recibir educación disciplinaria pues su carencia puede acarrearles problemas de interacción social, puede impedirles desarrollar objetivos personal y socialmente aceptables.  Un niño carente de disciplina tendrá dificultades con los otros niños en la escuela o la comunidad, tendrá dificultades para tener amigos, puede sentirse rechazado por los demás, su estima personal puede verse afectada y recibir muchas notas disciplinarias de sus maestros, incluso puede verse envuelto en conflictos con la ley.  Esto puede llevar al niño a un ciclo en el cual sienta que sólo es importante cuando logra hacer sentir a los demás tan mal como él se siente y a problemas cada vez mayores.

En conclusión, entre más temprano comienza más temprano cosechará los frutos de tener un hijo centrado, con autocontrol, feliz, sin los problemas y tensiones que la falta de disciplina impone en el clima familiar.

martes, 16 de agosto de 2011

Como ayudar a las personas


Nelson Riquelme Pereira
Mgter. Orientación en Salud Mental
rikelmeinfo@yahoo.com

“Tengo un amigo, Esteban, que tiene muchos problemas”, me dijo la señora Claudia, lágrimas corriendo por sus mejillas, “y yo, yo no sé cómo ayudarle - continuo- porque sus dificultades son muy grandes.  Él confía en que puedo ayudarle, no quiero defraudarle, pero realmente no se qué hacer, no quiere hablar con nadie más, no confía en ninguna otra persona, dígame ¿qué puedo hacer?”

Pensando en el predicamento de Claudia decidí mostrarle algunos criterios mínimos que han de tomarse en cuenta cuando uno realmente quiere ayudar a una persona.  Son sencillas formulas de comunicación interpersonal que le permitirán a doña Claudia conocer los problemas de su amigo Esteban y orientarlo en caso de que  necesite ayuda profesional.

Escuche atentamente: Las personas que tienen dificultades suelen agravar su situación si les falta alguien para compartir sus penas, sus emociones y sus pensamientos.  Cuando las personas comparten sus problemas se desahogan, esto los tranquiliza, permitiéndoles pensar mejor y, como resultado, eventualmente, encuentran alternativas o respuestas para enfrentar la situación.  En principio escuche todo lo que Esteban tenga que decir, con cuidado y prestando atención a los detalles.

Cree un ambiente propicio para el desahogo, libre de distracciones, cálido, con suficiente intimidad y decida escuchar sin interrumpir con preguntas necias y sin aventurarse a ofrecer soluciones inmediatas.  Use gestos y palabras que le den a entender a Esteban que usted le está prestando atención.  Mírelo mientras habla, muéstrele que le está escuchando evitando hacer juicios de valor, anticipar a lo que trata de decir, hacer comparaciones, ofrecer consejos a priori o eliminar ciertas informaciones.

Comprenda los problemas bien: Procure tener una clara idea de cuál es el problema que aqueja a la Esteban, luego de escuchar con atención pregúntele acerca de sus sentimientos, cómo se explica estar en la situación en que está, qué ha hecho al respecto y cuáles son sus opciones.  Ayúdele a reformular sus dificultades de manera fría y objetiva, ayúdele a tomar conciencia de cuales emociones están involucradas en la situación, del papel que estas juegan en el conflicto y de las razones o emociones que le impiden llegar a soluciones.

Dígale que la solución generalmente toma tiempo.  Es iluso esperar que un problema que se forma en un periodo de tiempo se solucione instantáneamente.  Ayude a Esteban a dimensionar el problema, a decidir cuál será el primer paso y de allí como continuará, a ver con qué recursos personales y sociales cuenta y qué personas pueden asistirle.  Anímele a tener paciencia, a tolerar la frustración y a ver el problema en perspectiva.

Ofrezca esperanzas: Las personas que tienen problemas, como suelen tener una visión negativa o fatalista de la vida, necesitan que quien les escucha les ofrezca esperanzas y que les indique que las cosas pueden mejorar si se empeña decididamente en realizar cambios en su vida.  Pero, esté atento a no dar la impresión de que subestima o menosprecia en problema de esta persona o su capacidad de razonar.  No use frases como: “... eso no es nada”, “tú te preocupas por esa pend...”, “eso no es problema, problema es el que yo tengo”..., etc.  Ante todo, asegúrele a Esteban que usted confía en que con esfuerzo, dedicación, motivación y una actitud positiva puede salir fortalecido de esta situación y prepararse mejor para las cosas por venir.

Muéstreles como enfrentar los problemas de forma creativa.  Revise con Esteban otros problemas que haya resuelto, analicen cómo llegó a esa solución y porqué está situación es diferente.  Procure que vea el problema desde diferente ángulo o perspectiva, piense creativamente qué cosas puede sustituir lo que causa el problema, con qué le se puede combinar, adaptar o modificar, cómo cambiar uno o varios elementos del problema o en las actitudes de la persona o las personas implicadas.  Recuerde que a veces para cambiar la realidad y sus circunstancias una persona tiene que comenzar por cambiarse a sí mismo.

En síntesis, la mejor forma de ayudar a Esteban a resolver sus problemas es orientarle a afrontar la situación de manera que pueda manejar decidida, honesta, valiente y creativamente las dificultades a las cuales se enfrenta, mientras fortalece sus destrezas personales, generando una actitud proactiva y una visión optimista de la vida..Recuerde siempre que usted no puede resolver los problemas por Esteben, que él tiene que hacer uso de sus recursos personales a fin el encontrar las soluciones más afectivas.

Si estos criterios no funcionan o lo hacen muy lentamente, si Esteban está muy afectado por la situación, si sus recursos personales son muy limitados y por el bienestar de su amigo oriéntelo para que procure asistencia psicológica.  Los psicólogos están capacitados para atender las dificultades emocionales, conductuales y los problemas existenciales de las personas con gran sentido asistencial y ético, procurando la conveniencia, seguridad y el desarrollo integral de quienes buscan sus servicios.

Como ayudar a las personas. La Estrella de Panamá, Lunes 28 de marzo de 2011.

lunes, 4 de julio de 2011

Cómo ayudar a las personas

 
NELSON RIQUELME P.*
 
‘ Tengo un amigo, Esteban, que tiene muchos problemas’, me dijo la señora Claudia, lágrimas corriendo por sus mejillas, ‘y yo, yo no sé cómo ayudarle —continuo— porque sus dificultades son muy grandes. Él confía en que puedo ayudarle, no quiero defraudarle, pero realmente no se qué hacer, no quiere hablar con nadie más, no confía en ninguna otra persona, dígame ¿qué puedo hacer?’. Pensando en el predicamento de Claudia, decidí mostrarle algunos criterios mínimos que han de tomarse en cuenta cuando uno realmente quiere ayudar a una persona. Son sencillas fórmulas de comunicación interpersonal que le permitirán a doña Claudia conocer los problemas de su amigo Esteban y orientarlo en caso de que necesite ayuda profesional.

scuche atentamente: Las personas que tienen dificultades suelen agravar su situación si les falta alguien para compartir sus penas, sus emociones y sus pensamientos. Cuando las personas comparten sus problemas se desahogan, esto los tranquiliza, permitiéndoles pensar mejor y, como resultado, eventualmente, encuentran alternativas o respuestas para enfrentar la situación. En principio escuche todo lo que Esteban tenga que decir, con cuidado y prestando atención a los detalles. Cree un ambiente propicio para el desahogo, libre de distracciones, cálido, con suficiente intimidad y decida escuchar sin interrumpir con preguntas necias y sin aventurarse a ofrecer soluciones inmediatas. Use gestos y palabras que le den a entender a Esteban que usted le está prestando atención. Mírelo mientras habla, muéstrele que le está escuchando evitando hacer juicios de valor, anticipar a lo que trata de decir, hacer comparaciones, ofrecer consejos a priori o eliminar ciertas informaciones. Comprenda los problemas bien: procure tener una clara idea de cuál es el problema que aqueja a la Esteban, luego de escuchar con atención pregúntele acerca de sus sentimientos, cómo se explica estar en la situación en que está, qué ha hecho al respecto y cuáles son sus opciones. Ayúdele a reformular sus dificultades de manera fría y objetiva, ayúdele a tomar conciencia de cuáles emociones están involucradas en la situación, del papel que estas juegan en el conflicto y de las razones o emociones que le impiden llegar a soluciones.

Dígale que la solución generalmente toma tiempo. Es iluso esperar que un problema que se forma en un periodo de tiempo se solucione instantáneamente. Ayude a Esteban a dimensionar el problema, a decidir cuál será el primer paso y de allí como continuará, a ver con qué recursos personales y sociales cuenta y qué personas pueden asistirle. Anímele a tener paciencia, a tolerar la frustración y a ver el problema en perspectiva.

Ofrezca esperanzas: las personas que tienen problemas, como suelen tener una visión negativa o fatalista de la vida, necesitan que quien les escucha les ofrezca esperanzas y que les indique que las cosas pueden mejorar si se empeña decididamente en realizar cambios en su vida. Pero, esté atento a no dar la impresión de que subestima o menosprecia en problema de esta persona o su capacidad de razonar. No use frases como: ‘... eso no es nada’, ‘tú te preocupas por esa pend...’, ‘eso no es problema, problema es el que yo tengo’, etc. Ante todo, asegúrele a Esteban que usted confía en que con esfuerzo, dedicación, motivación y una actitud positiva puede salir fortalecido de esta situación y prepararse mejor para las cosas por venir.

Muéstreles cómo enfrentar los problemas de forma creativa. Revise con Esteban otros problemas que haya resuelto, analicen cómo llegó a esa solución y por qué esta situación es diferente. Procure que vea el problema desde diferente ángulo o perspectiva, piense creativamente qué cosas puede sustituir lo que causa el problema, con qué se puede combinar, adaptar o modificar, cómo cambiar uno o varios elementos del problema o en las actitudes de la persona o las personas implicadas. Recuerde que a veces para cambiar la realidad y sus circunstancias una persona tiene que comenzar por cambiarse a sí mismo.

En síntesis, la mejor forma de ayudar a Esteban a resolver sus problemas es orientarle a afrontar la situación de manera que pueda manejar decidida, honesta, valiente y creativamente las dificultades a las cuales se enfrenta, mientras fortalece sus destrezas personales, generando una actitud proactiva y una visión optimista de la vida. Recuerde siempre que usted no puede resolver los problemas por Esteban, que él tiene que hacer uso de sus recursos personales a fin de encontrar las soluciones más afectivas.

Si estos criterios no funcionan o lo hacen muy lentamente, si Esteban está muy afectado por la situación, si sus recursos personales son muy limitados, por el bienestar de su amigo, oriéntelo para que procure asistencia psicológica. Los psicólogos están capacitados para atender las dificultades emocionales, conductuales y los problemas existenciales de las personas con gran sentido asistencial y ético, procurando la conveniencia, seguridad y el desarrollo integral de quienes buscan sus servicios.

*MAGÍSTER EN ORIENTACIÓN EN SALUD MENTAL.
2011-03-28

 

lunes, 30 de mayo de 2011

Retos de la discapacidad Cero lástima, más comprensión

NELSON RIQUELME PEREIRA*
 
 
C uando estás discapacitado o enfermo, la gente puede tener consideraciones contigo, consideraciones acerca de tu discapacidad, pero eventualmente se cansan de ti y de lo que tienen hacer por ti. Tú y tu discapacidad empiezan a cansar y a estorbar a los desconocidos inconscientes, a los que les obstaculizas hasta en los estacionamientos. Cansas a tus amigos que poco a poco se niegan a visitarte, te eluden. Cansas hasta a tu familia que, fatigados, deprimidos y confusos empiezan a tratarte como a un objeto o un mueble al que no pueden desechar.

Si no haces ningún esfuerzo por superar tu condición, si la gente no ve que te empeñas, tarde o temprano, se cansarán de ti, queriendo volver a la rutina en la cual ellos son lo más importante del mundo. Tienes que mejorar por cualquier razón o medio posible, por tus seres queridos, por ti, por las cosas que quieres y tienes. Mejorar sin claudicaciones. Porque lo opuesto también es cierto. Si la gente ve y siente que te estás esforzando, que estás mejorando querrán formar parte de tu pequeña historia de superación, compartir tu gran milagro. La gente busca a los ganadores y no hay mejor victoria que arrancarle tus huesos a la adversidad, superando o, por lo menos, enfrentar, una enfermedad o discapacidad.

Helen Keller, una sordociega que vivió hasta los 87 años, que aprendió a leer y a escribir y que fue autora de varios libros acerca de su vida, señalo que ‘la vida es una aventura arriesgada o no es nada’. Vivir, el acto de vivir, conlleva tantos riesgos trascendentales que tan solo el hecho de respirar a veces se torna riesgoso y lograr una vida plena requiere grandes esfuerzos y la conjunción de todas nuestras cualidades físicas, psicológicas y espirituales. Entonces, como escribió Keller, la vida a de ser la gran aventura del ser humano y las dificultades que encontramos en el camino han de ser vistas como obstáculos que debemos superar, los cuales le confieren color, sabor y significado a la existencia humana.

De hecho, como dijo Sthepen Hawkings, genio de la física confinado a una silla de ruedas debido a una esclerosis lateral amiotrófica que se le diagnosticó a los 21 años (ahora tiene 69 años), ‘cuando las expectativas de uno son reducidas a cero, uno realmente aprecia todo lo que si tiene’. Esto es fundamentalmente cierto, usualmente no tenemos conciencia de nuestras posesiones hasta que estamos a punto de perderlas. Damos por sentado que tenemos vida, salud y bienestar. No tenemos consciencia de que estas posesiones son tan frágiles y que podemos perderlas en un instante.

Finalmente, quiero citar la palabras de Javier Romañach, quien señaló: ‘Hoy solo pienso en lo mal que valoraba yo la vida de una persona con discapacidad antes, y en la poca diferencia vital interna que hay entre vivir con y sin discapacidad. Prefiero vivir con discapacidad a no vivir, no por el miedo a la muerte, sino por el goce de la vida’.

Y en función de esa preferencia por la vida, la enfermedad y la discapacidad no deben concebirse como el final de nada, sino como el principio de una nueva forma de vida, un reto a la vida, mucho más difícil, pero vida al fin.

Me adhiero a la opinión de J. Romañach al plantear que las personas con discapacidad y enfermedad tendremos que luchar una batalla sin cuartel para ‘convencer al mundo de que nuestra vida tiene el mismo valor; y propagar este concepto en todos los ámbitos de la sociedad, en la educación, en el ocio, en la empresa, en la administración, en las leyes, en definitiva, en las mentes’, pero primero habremos de convencernos a nosotros mismos.
2011-02-21
*EL AUTOR SUFRIÓ UNA ISQUEMIA CEREBRAL EN JUNIO DEL 2009.

domingo, 8 de mayo de 2011

DEL ARDILLISMO Y OTRAS ESPECIES Y ELEMENTOS DEL MUNDO LABORAL

ARDILLISMO: PERSONALIDAD Y CONDUCTA

Se califica de ardillismo a la persona que se afana en cosas fútiles, inútiles o sin sentido por periodos de tiempo prologados, sin producir resultado alguno o de la persona que aparenta estar trabajando u ocupado cuando  es, o puede ser, visto por figuras de autoridad o prestigio.  En este caso, la intención manifiesta es la de causar una impresión favorable en las figuras de autoridad, en menoscabo de las personas de trabajan realmente.

Las persona ardillista posee una personalidad entre histriónica y narcisista, ya que busca llamar la atención y se comporta teatralmente.  Sus maneras vivamente expresivas tienen como resultado establecer relaciones con facilidad, pero de un modo superficial. Las emociones a menudo aparecen exageradas, infantilizadas e ideadas para provocar la simpatía. Por lo común, sus comportamientos seductores a menudo encubren su dependencia de la aprobación y su búsqueda de protección.  En su faceta narcisista, los ardillistas  tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia, lo que los psiquiatras llaman “grandiosidad”, pueden ser extremadamente sensibles al fracaso, a la derrota o a la crítica y  pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos.

Por lo habitual, es desconsiderado, egoísta y su conducta suele crear problemas de interacción con sus compañeros, lo que los lleva a adoptar una actitud de victimas ante sus superiores jerárquicos y procurar vengarse de sus detractores.  Funcionan mal en los grupos de trabajo y con frecuencia son rencorosos, envidiosos y peligrosos. Esperan ser admirados y, con suelen sospechar que los otros los envidian.

EL GUABINISMO: FOBIA O JUEGA VIVO

El guabinismo se define como la cualidad de una persona de escabullirse o de escaparse a sus responsabilidades laborales, sociales y hasta familiares.  La persona guabinosa, como el pez que la denota, es difícil de atrapar, no se compromete fácilmente ni asume las responsabilidades inherentes a sus funciones o a su rol.

En algún sentido, la persona guabinosa exhibirá un comportamiento fóbico, si la conducta evasiva puede acompañarse de un aumento de la frecuencia cardíaca, sudor, temblor o estremecimiento, dificultad para respirar, sensación de atragantamiento, dolor o molestias en el tórax, malestar estomacal, sensación de mareo o desmayo, temor a perder el control o enloquecer, temor a morir, aturdimiento, escalofríos o calores súbitos.

En ausencia de estos síntomas, el guabinoso exhibirá tan sólo un descarado “juego vivo” dirigido a la evasión de sus responsabilidades o a salirse con las suyas por la vía del no hacer, hacer lo minimo o hacer lo que le da la gana.

EL  TORTUGUISMO:  VIRTUD O DEFECTO

El tortuguismo corresponde a la persona que se caracteriza por la lentitud y la pasividad con que afronta sus quehaceres y su vida.  El tortuguista es por definición una persona lenta, parsimoniosa y pasiva; cuyo temperamento flemático suele desperar a los familiares, compañeros y conocidos.

La persona tortuguista acude a la dilación de las cosas en un esfuerzo por asumir un precario control de su entorno, de su tiempo y de su conducta.  Cuando el ambiente le exige, el responde con su pasividad y cuando el tiempo apremia, responde con lentitud.  Aun cuando las cosas son para él mismo, tienden a procrastinar.

El tortugismo puede parecerse a la paciencia si implica soportar con ánimo sereno los males y los avatares de la vida, en cuyo caso será una virtud.  O puede ser un defecto si genera pasividad ante el sufrimiento, un no reaccionar o un simple aguantarse las cosas, aunque afecten la propia integridad o la integridad de otros.

El SOFOCOSO: HIPERACTIVIDAD O NECEDAD

El Socofoso es un individuo que no solo no tiene tranquilidad sino que no deja vivir tranquilos a los demás.  La persona sofocosa no tiene quietud por lo que causa ciertos malestares en las personas que le rodean.   En sentido figurado, la persona sofocante puede causar una repentina o transitoria sensación de calor que nace en el tórax y cuello, sube a la cara y posteriormente se distribuye por el resto del cuerpo, se acompaña de enrojecimiento y sudor, y muy a menudo va seguido de una sensación de frío. En ocasiones hay palpitaciones, ansiedad, sensación de presión en la cabeza y pecho, de ardor, de ahogo, náuseas, y dificultad para la concentración. 

Es decir, que la persona sofocosa puede causar una sensación de asfixia.  Usualmente, acaba con la paz y la tranquilidad de otras personas debido a su hiperactividad, caracterizada por actividad continua y sin objeto, corta capacidad de atención, mucha distractibilidad, mucha excitabilidad: emociones lábiles o fluctuantes (pasando del llanto a la risa en el espacio pocos de minutos), impulsos incontrolados, mala concentración, indiferencia al peligro y al dolor, poca respuesta a la recompensa o al castigo, destructibilidad; agresividad; mentiras, berrinches, constantes choques con cuanto le rodea propensión a los accidentes: torpeza, dificultad de percepción; problemas audiovisuales, irregularidad en la etapa de desarrollo, incapacidad de completar algo espontáneamente, necesidad de continuos recordatorios, incapacidad de ejecutar actividades coordinadas, socialización deficiente; falta de respeto hacia las necesidades o propiedades de los demás; incapacidad de hacer amigos, conducta conflictiva, necesidad de supervisión constante y, por lo general, son muy necios.

EL POCO ME IMPORTA: DESPRECIO Y “BURN OUT”

El “Poco me importa” es una persona que tiene una actitud de menosprecio intenso por las cosas, por su entorno y por las personas que le rodean.  Al “poco me importa” todo le da igual.  Se caracterizan por un desprecio profundo hacia las cosas que no son importantes para ellos o que no son su responsabilidad.  El “poco me importa” puede ser un sujeto que se ha cansado de pelear contra los molinos de viento y adopta esta postura defensivamente o, bien, ser una persona que no quiere compromisos con las cosas, con su entorno y con otras personas.  Este tipo de persona suele ser poco colaborador, poco comprometido y un tanto egoista.

En cualquier caso, el “poco me importa” sufre un “burn out” que es peligroso para sí mismo, para otras personas y para el trabajo en equipo, ya que sufre de agotamiento físico, moral, emocional y mental, causado por involucrarse en situaciones emocionalmente demandantes, durante un tiempo prolongado. En este caso, es un padecimiento que se trata terapeúticamente por medio de una reestructuración cognoscitiva que consiste primordialmente en revisar su filosofía de vida, determinando con claridad sus objetivos existenciales, ajustándolos a la realidad, a sus sueños y a sus posibilidades. 

martes, 19 de abril de 2011

Cambiar para vivir la vida o Vivir para cambiar la vida


Mgter. Nelson Riquelme Pereira

Que el cambio es inevitable, ineludible y necesario es algo en lo que la mayoría de las personas están de acuerdo.  Que es imprescindible cambiar para sobrevivir, para mejorar o, simplemente para crecer es una afirmación que acepta pocas discusiones.  Sin embargo, aunque para muchas personas cambiar es un noble propósito, la tarea concreta de hacerlo no es tan simple.  Gran cantidad de personas, en diversos momentos de su vida, se plantean la necesidad de cambiar o desarrollar nuevas cualidades para enfrentarse a los retos cotidianos o extraordinarios que les plantea la vida.  El cambio, sin embargo, es paradójico.  Por un lado cambiar no es fácil, no es sencillo, no ocurre con la rapidez con que las personas lo desean.  Por otro lado, cambiar es inevitable, es parte de la existencia y el desarrollo personal de cada individuo.

El cambio es cíclico.  Se cambia para prepararse para realizar nuevos cambios, se vive para cambiar, se cambia para vivir en un proceso incesante de cambios y adaptaciones.  Como el hombre y sus circunstancias (Ortega y Gassett) no permanecen siempre iguales, los cambios tienen que suceder y sucederse, posibilitando adaptaciones a las condiciones reinantes de vida, al entorno socio-histórico y al ambiente circundante.  En medio de todos los cambios, sin embargo, se permite una continuidad en la identidad psicológica de la persona que cambia.

El cambio es también complejo, se inicia en el interior de la persona, se refleja en su conducta exterior, para consolidarse definitivamente en su intimidad humana.  Las personas pueden emprender dos tipos de cambio.  El primero consiste en cambiar las estructuras o esquemas internos de percepción de la realidad, de las circunstancias, de los otros y de sí mismos, en estos caso se dice que el cambio es verdadero y perdurable.  El otro tipo de cambio se refiere a los cambios cosméticos o superficiales que se relacionan con factores de presión externos y duran mientras las condiciones que los impusieron estén presentes.  Por su complejidad, los cambios son individuales.  Cada persona tiene que realizar, dirigir y responsabilizarse por su propio cambio.  Para ello, los siguientes pasos pueden serle de utilidad:

  1. Seleccione sus objetivos:  Para realizar cambios efectivos es necesario identificar las conductas que se desea modificar y escoger los objetivos que se desea alcanzar.
  2. Traslade sus objetivos a conductas específicas:  Las personas sólo pueden cambiar aspectos reales de su vida, por tanto, deben convertir sus objetivos en conductas específicas.  Si alguien desea sentirse mejor, debe especificar qué cosas le harían sentirse mejor (tener más amigos, poder conversar con mayor facilidad, reducir el estres, etc.).
  3. Dimensione sus objetivos:  Los cambios deben dimensionarse en el tiempo y el espacio.  Señale claramente y en forma realista el tiempo que le tomará cambiar y los lugares o circunstancias en que desea realizar tales cambios.  Esto le evitará frustraciones de tiempo y lugar.
  4. Observe su conducta:   Si los cambios se realizan por medio de conductas específicas, es necesario observar en primer lugar, las conductas insatisfactorias y luego reemplazarlas por las conductas deseadas.
  5. Desarrolle un compromiso personal:  El deseo de cambiar por sí solo no lleva al cambio.  Las personas que desean introducir cambios en su vida tienen que mostrar y desarrollar un compromiso serio y profundo con ellos mismos de manera que puedan enfrentarse a los retos propuestos.
  6. Organícese para recibir información:  Desarrolle un grupo de apoyo con familiares y personas que le aprecian y solicíteles que le ayuden a observar los aspectos que usted no puede ver.
  7. Revise su plan de acción según sea necesario:  Los proyectos de cambio personal no son inmutables, pueden y deben ser alterados de acuerdo a las exigencias personales y sociales.
  8. De seguimiento a sus planes:  Es muy importante darle seguimiento a los planes personales.  Una vez que se proponga algo organice su conducta de manera que pueda alcanzar sus objetivos.  No importa cuan buenos sean sus propósitos ni cuan elaborados sean sus ideas y objetivos sino se empeña en realizarlos y le da seguimiento jamás logrará lo que quiere.
Aún cuando son complejos y difíciles, los cambios son posibles si la persona desarrolla sus objetivos y pone todos sus recursos personales a trabajar en la dirección que desea.  Por tanto, atrévase a realizar los cambios que usted sabe le proveerán de una sensación más placentera en su vida.