martes, 24 de febrero de 2015

Cómo se construye el amor de pareja


sábado 24 de septiembre de 2011 - 12:00 a.m.
Nelson Riquelme
MGTER. EN ORIENTACIÓN EN SALUD MENTAL.

Redacción digital
El señor Andrés y la señora Carolina todavía caminan tomados de la mano. De vez en cuando, ella le roza la mejilla y le acaricia el escaso cabello con cierta ternura. Él, por su parte, le toma las dos manos en una actitud que denota cariño y le besa en la boca. Y aunque frecuentemente pueden anticiparse a lo que están pensando, cuando están juntos conversan animadamente de cuanta cosa ocurre a su alrededor, de lo que sienten y de lo que piensan. En marzo cumplieron cincuenta y tres años de matrimonio y lo celebraron en compañía de sus tres hijos.

Interrogados por su hijo mayor, Andrés Jr., recientemente divorciado, sobre lo que hay que hacer para que el amor perdure tanto tiempo, contestaron: ‘En principio, como nos amábamos, decidimos tener una vida juntos, un proyecto de vida basado en el respeto mutuo. Decidimos hacer frente a nuestros problemas juntos, comunicándonos todo en todo momento. Decidimos que si peleamos no nos acostaríamos hasta haber resuelto nuestros asuntos, al principio tuvimos varias trasnochadas hasta que decidimos aceptar nuestras virtudes y nuestros defectos, aprender a vivir con ellos y evitar la tentación de tratar de cambiarnos.

Resultado de imagen de amor de pareja de ancianosNunca’ y ‘siempre’ estaban vedados en nuestro vocabulario y, sin embargo, procuramos ‘siempre’ ofrecernos muestras de cariño y casi ‘nunca’ nos lanzábamos epítetos hirientes u ofensivos. Al principio nos amábamos como locos, luego nos tranquilizamos y regularmente atizábamos nuestro fuego, entregándonos desenfrenadamente al amor y al sexo. Procurábamos que el fuego no se apagara. Gozamos de una relación íntima, tan íntima que vivíamos para nosotros y no dejamos que nada ni nuestros hijos, ni los problemas se interpusieran entre nosotros, todo lo conversábamos. El dolor o el placer de uno, era de los dos.

Desde que nos casamos tuvimos en mente que el matrimonio era para toda la vida. Que juntos teníamos que luchar por salir adelante, no importaba cuál problema tuviéramos. Y vaya que hemos tenido problemas, desavenencias y conflictos. Pero, como el divorcio no estaba en nuestra agenda o pensamiento, sabíamos que los teníamos que afrontar y que si trabajábamos unidos los podríamos superar juntos’.

Reflexionando, sobre lo que me comentaba Andrés Jr., me acordé de que, según Robert Sternberg, el amor verdadero o consumado tiene tres componentes fundamentales que son la pasión, la intimidad y el compromiso. La pasión se entiende como el deseo intenso y la necesidad acuciante por la otra persona, por estar con la otra persona; la intimidad se refiere al grado o nivel de los vínculos, del acercamiento y la conexión con la otra persona; mientras que el compromiso implica las decisiones pertinentes al amor y a las tareas que favorecen su mantenimiento de la relación. Los tres componentes deben aparecer en dosis adecuadas, en equilibrio y se distingue de otros tipos de amor, basados en dos o en un solo elemento.

Por ejemplo, del amor romántico, que se tiene al principio de la relación de pareja, se caracteriza por una pasión desbordante y una intimidad creciente, pero carece de compromiso; el amor fatuo y formal, posee pasión y compromiso, pero no tiene intimidad; mientras que el amor sociable posee intimidad y compromiso, pero le falta pasión. Por otro lado, el amor sin compromiso y sin intimidad, tan solo pasión no pasa del encaprichamiento; el amor sin intimidad y sin pasión, solo compromiso, está vacío; y el amor que no posee pasión ni compromiso, solo intimidad, no pasa de ser un simple cariño.

Señala este autor, que el amor es algo vivo y que por tanto puede haber un patrón o secuencia en el desarrollo del amor; por lo que se entiende que muchas parejas podrían comenzar una relación sin nada de amor, con el tiempo, a medida que crece la cercanía pasa al encaprichamiento, solo pasión, sin intimidad ni compromiso; más tarde puede tener lugar el amor romántico, en la medida que se añada intimidad a la pasión; y, finalmente, amor consumado o verdadero, cuando la pasión y la intimidad reciben el complemento del compromiso.

De esto se puede interpretar que dos elementos hacen parte del amor y pueden ser un paso, pero no son el amor verdadero. Tal es el caso del amor romántico, el cual suele confundirse con el verdadero amor o el caso del amor sociable que puede considerarse erróneamente con el amor maduro y estable. El ciclo del amor implica que la pasión eventualmente disminuye; sin embargo, la intimidad, el cariño y el compromiso aumentan con el paso del tiempo.

Por lo tanto, hay que cultivar el amor, hay que construir el amor, teniendo dosis adecuadas y equilibradas de estos tres componentes (pasión, intimidad y compromiso). Cultivar el amor o construir el amor significa que hay que mantenerse amorosamente en forma, tener sexo regularmente, mantener la ‘chispa de la ilusión’, evitar la monotonía, expresarse cariño mutuamente, reírse juntos, cuidar de los hijos en armonía, hacer cosas unidos, resolver los problemas juntos, acompañarse y apoyarse en la dificultades, disfrutar de la mutua compañía, tener un proyecto de vida juntos, cuidarse para la otra persona, comunicarse constantemente y respetar el espacio personal mutuo.

En fin, el amor verdadero no es una gracia inmerecida sino, todo lo contrario, es fruto del cultivo constante de una relación que merece cuidado y atención, la cual si está sólida y consolidada puede ayudarnos a sortear muchos avatares de la vida, proveyéndonos de muchas satisfacciones en la vida; por el contrario si la relación está débil y maltrecha no soportará ni siquiera la menor tormenta de invierno, siendo motivo de ansiedad y tristeza. El señor Andrés y la señora Carolina son un ejemplo del amor verdadero y a esta altura de su vida saben cómo lo lograron.

¿Qué la psicoterapia y cómo puede ayudar?


sábado 13 de agosto de 2011 - 12:00 a.m.
Nelson Riquelme Pereira
PSICÓLOGO
Redacción digital

online@laestrella.com.pa

Jorge P., un hombre de treinta y tantos años, está pasando por serios problemas tras su reciente divorcio, se siente bastante deprimido, desanimado y pesimista acerca de cómo enfrentar su vida de ahora en adelante. Jorge se siente culpable y confuso acerca de su personalidad y de cómo esta había afectado su relación. Tiene muchas cosas que arreglar: la relación con sus pequeños hijos, las pensiones alimenticias de los niños, la nueva relación con su ex esposa, la administración del dinero, de su tiempo, de su vida, etc. Sus amigos, observando el estado de ánimo en que se encuentra Jorge, le sugirieron que fuera a terapia psicológica. Interesado preguntó a un psicólogo amigo que en ¿qué consistía la psicoterapia? Y ¿cómo podría él beneficiarse de ella? Y esto fue lo que el psicólogo le contestó:

La psicoterapia es un proceso intenso e interpersonal, por medio del cual un individuo recibe ayuda y asistencia al dialogar y/o trabajar con una persona preparada. Generalmente implica ayudar y/o asistir a personas normales a enfrentarse a situaciones y problemas normales, a analizar y trabajar con situaciones y oportunidades propias de diferentes niveles de desarrollo, auxiliar a personas con dificultades de adaptación, personas que tienen dificultades en sus procesos de pensamiento, emociones o conducta, dificultades generadas por su entorno social, por su forma de vivir y sus particulares condiciones fisiológicas, neurofisiológicas o psicológicas.

Resultado de imagen de psicoterapiaLa psicoterapia parte del conocimiento que tiene el sujeto de sí mismo y de sus posibilidades humanas, procurando apoyar a las personas a lograr la integración plena de su personalidad, a desarrollar sus habilidades, destrezas interpersonales, y a resolver sus conflictos psicológicos, facilitando que pueda vivir como miembro activo y productivo de la sociedad a la que pertenece, con bienestar y conciencia plena de su persona, su entorno y de su papel en este.

Como proceso, la psicoterapia propone un crecimiento personal a partir de una situación inicial de conflicto, inconformidad o disfuncionalidad a una situación de dominio, funcionalidad e integración personal de lo aprendido y de la toma de conciencia. Es por tanto, una situación educativa o autoeducativa en un ambiente y condiciones especiales y supone una relación privilegiada con un profesional de la salud mental basada en la confianza, la empatía, la aceptación, el trabajo personal y la confidencialidad.

La psicoterapia puede promover la toma de decisiones y procesos electivos por parte de las personas o puede procurar la promoción, recuperación o ajuste de la salud mental, la adaptación personal, el bienestar y el crecimiento emocional. En el primer caso, se habla de psicoterapia u orientación vocacional y profesional; en el segundo, se habla de psicoterapia psicológica. Esta última puede ser individual, grupal, de pareja, familiar, salud mental, etc. El tipo de psicoterapia se define en función de los objetivos y los participantes adscritos al proceso.

En la psicoterapia, se exige al psicoterapeuta el dominio y utilización de diversas técnicas y procedimientos para proveer la ayuda y brindar la atención debida. En términos generales incluye: establecer una relación de trabajo, animar, proveer información, interpretación de test psicológicos y proyectivos, diagnosticar, escuchar, análisis de la conducta, los pensamientos y los sentimientos expuestos, procurar la toma de conciencia, ayudar en la toma de decisiones, asistir al individuo a resolver sus problemas, aprendizaje, etc. De igual forma, la psicoterapia aplica los conceptos relevantes de las diversas teorías psicológicas y puede identificarse con ellas (psicoterapia analítica, rogeriana, adleriana, cognitiva, conductista, etc.).

En síntesis, tenemos que la psicoterapia procura ayudar a las personas (clientes) a mantener transacciones de crecimiento consigo mismos, con los demás y con su medio social; a cambiar aquellas conductas que son autodestructivas o destructivas para otros; y, a adquirir destrezas que capaciten a la persona para vivir más efectivamente. La terapia psicológica puede atender problemas del sueño, problemas con el peso, abuso de alcohol o tabaco, cansancio crónico, problemas médicos de larga duración, tener poco dinero para final de mes, poco dinero para cubrir necesidades básicas, exceso de deudas, gastos imprevistos, poco dinero para aficiones y tiempo libre, trabajo monótono y aburrido, relaciones difíciles con el jefe o superior, problemas de relación con los compañeros, temor a perder el trabajo, mala relación con los vecinos, casa demasiado pequeña, malas condiciones de la vivienda, casa demasiado apartada de trabajo o escuela.

Además, puede ayudar con problemas de timidez o vergüenza con otras personas, tener pocas amistades, ser muy sensible a las críticas de los demás, dificultad para llevar una conversación, tener poco tiempo libre, disfrutar poco de las diversiones, poca habilidad para el deporte, deseo de viajar, desacuerdos con la pareja, desacuerdos con otros familiares, ruptura o separación matrimonial, problemas con los niños o la escuela, dificultad para controlar la irritación, exceso de ansiedad o nerviosismo, exceso de exigencia y perfeccionismo, sentimientos depresivos y problemas con las relaciones interpersonales y sexuales.

En algún momento de la vida todos podemos necesitar un poco de ayuda, porque tenemos que enfrentar alguna de las situaciones descritas anteriormente y, por tanto, nos beneficiaríamos de exponer nuestras preocupaciones y ansiedades ante un profesional que nos escuchará y que nos atenderá sin juzgarnos, aceptándonos como personas falibles, poniéndose en nuestro lugar, encontrando nuestro potencial de crecimiento y ayudándonos a tomar conciencia plena de nuestra situación, guiándonos hacia el camino de la solución más accesible o hacia la adaptación posible a nuestra condición o circunstancia.

El perdido encanto del silencio




sábado 16 de julio de 2011 - 12:00 a.m.
Nelson Riquelme Pereira
MGTR. EN ORIENTACIÓN EN SALUD MENTAL
Redacción digital
online@laestrella.com.pa

En una reunión de amigos, Carlos contaba que él había hecho un viaje en auto, solo, durante siete horas y ni siquiera se le ocurrió encender el radio del coche para escuchar música o noticias. Iba tan entretenido con sus pensamientos que el viaje se le hizo corto. Lola, que lo escuchaba atentamente, señaló que ella se hubiera vuelto loca, totalmente loca, sin nada que escuchar o alguien con quien hablar, porque ella no soporta el silencio, no tolera estar sola ni resiste estar sin radio, televisor o algo o alguien que haga ruido.

Pensé, hay tantas Lolas que no entienden que el silencio es necesario, que es parte del lenguaje, de la música, del pensamiento, del sonido y hasta del espíritu. Hay tantas personas que se afanan por meterse ruido en la mente y en el alma, lo que les impide ver con claridad las cosas. Personas que temen al silencio, porque frente a este están desnudos mente adentro, corazón adentro y no tienen más remedio que pensar y sentir sin obstáculos ni excusas y esto los abruma y desespera.

En el silencio habitan muchas de nuestras capacidades y virtudes, como pensar sin lenguaje, moverse sin alas, piernas ni pies, percibir sin ojos, oídos, olfato, gusto o tacto, disfrutar las cosas sin perturbarlas y observar la realidad de las personas y de uno mismo desde una distancia personal subjetiva, pero edificante y necesaria.

En el silencio también habitan la comprensión, la compasión y el amor. Esa mirada que comprende todo, ese oído que escucha las palabras que no hemos dicho y ese corazón que palpita al unísono del nuestro se alimenta del silencio. Por eso entendemos tan bien cuando J. L. Perales dice en una canción ‘me miras y el universo de tus ojos me lo cuenta todo’...

Ahora bien, para disfrutar del silencio no hay que dejar de hablar o enmudecer, porque el silencio no es igual a mutismo y no vale que solo acallemos la voz exterior. El aprecio del silencio parte del cultivo del silencio interior. Los grandes sabios señalaban que ‘la verdad solo se puede conocer en absoluto silencio’...

Y es que cuando somos capaces de entender que el silencio no solo no es malo sino que es necesario, y que permanecer sin hablar no dificulta la continuidad de nuestra existencia sino que, por el contrario, nos fortalece, es cuando abrimos la puerta a un nuevo estado del ser y entonces, desde ese estado, podemos conocer en profundidad la realidad que nos anima a vivir.

Y comprender el papel que juega el silencio en nuestra mente, conciencia y personalidad, en nuestra vida psicológica, tiene un efecto psicoterapéutico, porque el silencio nos ayuda a procesar las emociones y a enfrentar las ansiedades a las que nos expone el diario vivir. En el silencio podemos hallar soluciones a los problemas que nos aquejan y encontrar respuestas a las situaciones que nos plantea la existencia humana.

Por lo tanto, comprendiendo las implicaciones y ventajas del silencio, el poder que tiene para devolvernos el disfrute de la belleza y la armonía, la capacidad restauradora sobre la ira, el orgullo y todas las emociones negativas, cultivemos el silencio, simplemente entremos en la paz del silencio, ‘calmemos ese mar de deseos, ese mar de ilusiones, dejemos que la calma nos invada, dejemos que el silencio nos posea, en ese momento lo viejo desaparecerá y lo nuevo nacerá en nosotros’.


Porque al dejar que el silencio entre a nuestra vida, que nos cure de temores y ansiedades, en ‘la inmensidad del silencio podremos escuchar la voz de nuestro Dios dentro de nosotros llamándonos a vivir plenamente, llamándonos para darnos a conocer todos los misterios del universo y de nosotros mismos’. Recobremos el perdido encanto del silencio e incorporémoslo a nuestra vida para que podamos comprender a plenitud lo que significa estar vivo.

Autoestima factor clave para el desarrollo de una personalidad sana


Nelson Riquelme Pereira

sábado 4 de junio de 2011 - 12:00 a.m.

‘ Es que yo no sirvo para nada, licenciado. Yo soy muy bruto’, me dijo Clemente como explicación a mi pregunta sobre sus calificaciones....

Redacción digital



Es que yo no sirvo para nada, licenciado. Yo soy muy bruto’, me dijo Clemente como explicación a mi pregunta sobre sus calificaciones. Clemente, niño de nueve años, tenía varios fracasos escolares y en el curso de las entrevistas de evaluación se hizo manifiesto que también tenía un pobre concepto de sí mismo. Por tanto, entre las recomendaciones que se hicieron a sus padres se les sugirió matricular a Clemente en unas clases de afianzamiento académico y en un programa de fortalecimiento de la autoestima.


La autoestima es la creencia que se tiene acerca de uno mismo, de las cualidades, destrezas y capacidades que adornan la propia personalidad y la manera particular de sentir y de pensar que tiene una persona y que constituye su imagen personal o autoimagen. En otras palabras, autoestima es la valoración que hace la persona de sí misma teniendo en cuenta las experiencias y las vivencias fundamentales de su vida que lo llevan a sentirse inteligente, capaz, a gusto con su apariencia o todo lo contrario.

Una buena autoestima, sentirse bien consigo mismo, es fundamental para la realización del potencial individual y el crecimiento personal de Clemente. Así, sintiéndose bien consigo mismo, teniendo buena estima, las personas pueden enfrentarse a los problemas, pueden resolver mejor los retos y asumir correctamente las responsabilidades que les depara la vida. Una autoestima sana no previene de la ocurrencia de problemas, pero prepara mejor para cuando estos se presentan.

Pero, ¿cómo se forma la autoestima? La estima personal se desarrolla a lo largo de la vida, nutriéndose de las experiencias, los sentimientos y los pensamientos de valía o incompetencia que la interacción humana produzcan en el individuo. Poco a poco el niño va descubriendo sus capacidades y su singularidad, conociendo que es aceptado por unas personas y puede ser rechazado por otras y a partir de ‘estas experiencias tempranas de aceptación y rechazo de los demás es cuando comienza a generar una idea sobre lo que vale, por lo que vale o deja de valer’.

Lo importante acerca de la autoestima es como la persona percibe e interioriza las nociones acerca de su valía o incompetencia proferidas por otras personas. En tal sentido, la baja autoestima se produce cuando, como resultado de la interacción con personas significativas o por la propia experiencia, el sujeto se percibe a sí mismo como un individuo de poco valor. En estos casos, la persona tiene una visión distorsionada de lo que es, de su realidad, lo que lo puede llevar a ser extremadamente perfeccionista o excesivamente negligente en sus acciones.

La persona con baja autoestima, como resultado de la distorsión de su pensamiento, posee un diálogo interior inadecuado caracterizado por generalizaciones de hechos aislados, descalificaciones o ataques a sí mismo y pensamiento absolutista (todo o nada). También, se culpa por todo lo que ocurre o culpa a otros, supone que todo lo que pasa tiene que ver con él, cree erróneamente que puede plantear lo que las personas piensan o sienten sobre él, que él debe asumir responsabilidad por lo que sucede a su alrededor o bien que carece de control sobre lo que acontece y cuando hace algo por los demás espera y exige retribución inmediata y plena de sus favores. Además, suele plantearse a sí mismo que lo que él piensa y siente refleja la verdad, es toda la verdad y es la única verdad posible. Si una persona quiere cambiar o mejorar su autoestima, puede recurrir a las siguientes estrategias:

Puede procurar convertir los pensamientos negativos en pensamientos positivos. Acostumbrarse a pensar positivamente en las cosas, las situaciones y sobre las personas. Por ejemplo: cambiar los pensamientos del tipo ‘No hago nada bien’, por pensamientos del tipo ‘Puedo tener éxito cuando me propongo’.
  • No hacer generalizaciones: tomar las experiencias negativas como episodios desafortunados y no como tendencias que no se pueden modificar.
  • Ser conscientes de los logros y del esfuerzo, empeñándose en dar lo mejor de sí en cada situación o ante cada reto. Pensar que lo que vale es el esfuerzo que se hace para lograr las metas y los objetivos personales y sociales.
  • No hacer comparaciones: pensar que todas las personas son únicas y valiosas; incluyéndolo a él.
  • Confiar en sus destrezas, habilidades y en sí mismos y, por lo tanto, confiar en su capacidad de afrontar las exigencias de la vida.
  • Aceptarse a sí mismos, mejorando lo que se pueda y teniendo una relación saludable con la realidad, consigo mismo y con las personas que le rodean.
  • Atreverse a soñar, porque en la vida se obtiene lo que alguna vez se soñó y se atrevió a buscar con todas sus fuerzas.
El fortalecimiento de la autoestima es una tarea que puede ser dirigida por los padres. Estos por medio de procesos de comunicación efectiva, de valores bien pensados y de disciplina integral puede, desde que los niños están pequeños, ir dirigiendo y moldeando la personalidad de sus hijos.
*AUTOR DEL LIBRO EDUCACIÓN CON TERNURA.
Este articulo también es citado en http://www.pediatria7.com/autoestima-factor-clave-para-el-desarrollo-de-una-personalidad-sana/

domingo, 6 de noviembre de 2011

Educación con ternura: siete principios de la disciplina efectiva

NELSON RIQUELME PEREIRA*

2011-05-14 En una ocasión, los padres de Pedro Antonio, de dos años, me preguntaron cuándo debían iniciar la enseñanza de la disciplina a su hijo. Les conteste que ya tenían dos años de atraso en su formación disciplinaria. Me miraron consternados. Procedí a explicarles las ventajas de la disciplina temprana y el papel que juega esta en el establecimiento de ciertas rutinas en el desarrollo integral del niño (rutina en la alimentación, el sueño, etc).

Les explique que la disciplina es un proceso educativo por medio del cual se le enseñan valores y actitudes al niño para que eventualmente sea capaz de dirigir su conducta. La disciplina orienta al niño y su propósito no es el control o la obediencia incondicional, es facilitarle el desarrollo de destrezas de conducta para que logre autocontrol y autodisciplina, particularmente en los momentos en que no estamos presentes.

A continuación, les expliqué algunos de los principios fundamentales para el desarrollo de un plan de disciplina para Pedro Antonio:

Entender los objetivos de conducta del niño, sus emociones y los sentimientos que genera en sus padres. Un niño puede llorar por diferentes motivos. Llora para llamar la atención y ser atendido, llora cuando quiere hacer algo que no le es permitido, llora cuando desea compartir su malestar con sus padres y llora cuando se siente incapaz de hacer algo. Consecuentemente, los padres suelen sentirse abrumados, retados, heridos y desesperados. Cada motivo de conducta (llamar a atención, problema con el poder, conducta pasivo—agresiva, demostración de incapacidad) requiere un tratamiento distinto. Por ejemplo: ignoramos selectivamente la conducta dirigida a llamar la atención. 

Ser tanto firmes como amables. La disciplina efectiva se basa en la firmeza del procedimiento que debe ser consistente, de manera que una conducta inaceptable será siempre evaluada como tal. El niño aprende a qué atenerse, porque sus conductas siempre derivan en la misma consecuencia. Y hacerlo con amabilidad y respeto al niño implica que si se es firme se puede evitar disciplinar con gritos, chantajes, coacciones, castigos y golpes. Además, si usted exige respeto consecuentemente debe demostrar respeto al niño y a sus emociones.

Evitar ser un ‘buen’ padre; es decir, evitar ser un padre complaciente que disciplina caprichosamente, de manera inconsistente o de acuerdo a lo que siente en el momento. Permita que el niño experimente algunas consecuencias de su conducta para que aprenda a asumir responsabilidad por sus propios actos. La disciplina inconsistente genera que el niño esté más atento a la reacción de sus padres que a su propia conducta y a los resultados de sus actos.

Alentar la independencia. Evite hacer por ellos lo que pueden hacer por sí mismos. Los niños mimados y los niños consentidos suelen ser muy dependientes, extremadamente apegados, muy exigentes, limitan la libertad de sus padres y requieren mucha supervisión y ayuda. No sienta lástima por sus hijos, antes bien ayúdelos a desarrollar autonomía, enséñeles a resolver problemas propios de su edad y gradualmente a tomar sus propias decisiones.

Evitar preocuparse por lo que otros piensan. Concéntrese en los valores y actitudes que son importantes para su familia y eduque a sus hijos en conformidad con tales principios sin prestar mucha atención a las opiniones de los demás. Las opiniones de otros personas si riñen con los principios, valores y actitudes que enseñamos a nuestros hijos puede estorban en vez de aportar algo.

Hablar menos, actuar más. Los niños se aprenden el repertorio de regaños de sus padres y , usualmente, obedecen cuando la consecuencia es evidente. De manera que las palabras que no se siguen de acciones no provocan obediencia, por ello, es necesario que los padres limiten sus intervenciones verbales y recurran más a las acciones. Los actos disciplinarios deben atenderse con prontitud y conversados después.

No rendirse. El proceso de enseñanza de la disciplina es arduo, escabroso y a veces lento, requiere de todo el apoyo de la familia, la unificación de criterios entre los padres y mucha consistencia, decisión y habilidad para conjugar los objetivos de la vida familiar con los requerimientos disciplinarios de los niños, por lo que no se vale rendirse. Además, el niño puede que no use todos los principios disciplinarios que usted ha tratado de inculcarle mientras esté en su círculo familiar, pero cuando los necesite por razones adaptativas, si usted se los enseñó allí estarán para ayudarle.

Estos son algunos de los principios que se aplican para desarrollar un programa de disciplina en los niños y si se siguen rigurosamente se cosecharán los frutos a mediado plazo, convirtiendo a su niños en modelo de comportamiento con autonomía, libertad y responsabilidad.

*Tomado del libro ‘Educación con ternura’.
*PSICÓLOGO. 
 Aparecido en el diario La Estrella de Panamá, sábado 14 de mayo de 2011

domingo, 9 de octubre de 2011

¿A qué edad se debe enseñar disciplina a los hijos?


Lic. Nelson Riquelme Pereira
Mgter en Orientación en Salud Mental

¿A qué edad debo comenzar a enseñarle disciplina a Gabrielito?  Me preguntó Paola.  ¿Qué edad tiene Gabrielito?, pregunte.  Me contestó que tenía dos y medio años, al punto le indiqué que tenía dos años y medio de atraso en su educación disciplinaria.

Milagros Victoria
La disciplina, en tanto educación para la vida, debe comenzar desde muy temprano en la vida del niño o niña.  Incluso antes del nacimiento los padres pueden ir elaborando, entre sus sueños e ilusiones, los criterios disciplinarios que desean aplicar.  Pueden comenzar reflexionando acerca de la educación disciplinaria que ellos mismos recibieron de sus padres y extrayendo de esta experiencia algunas ideas que puedan ser de utilidad.

Hay varias ventajas en establecer criterios disciplinarios desde temprano, entre otras:
·         El niño percibe las reglas y principios como parte de su vida cotidiana.
·         No hay momentos difíciles o traumáticos puesto que no hay transición desde una situación de indisciplina a una de disciplina.
·         Se estable un adecuado nivel de comunicación, pues la disciplina está basada en la palabra y su significado.
·         Al interiorizarse esta disciplina se logra que funcione aún en ausencia de los padres.
·         El niño asume de manera creciente control sobre sus comportamientos y la satisfacción de sus necesidades, en un clima de seguridad y libertad.
·         Se ejerce el derecho del niño de tener límites y de que el ambiente o entorno familiar se ajuste a ellos.

Sin embargo, cuando no sea posible comenzar desde el nacimiento, se puede comenzar en cualquier momento.  Esto requerirá hacer algunos ajustes en la aplicación del programa, prepararse pacientemente para comenzar y analizar la situación presente para reconocer luego los cambios.  Incluso, con mucha paciencia, se puede comenzar hasta en la adolescencia.  En todo caso, es una responsabilidad y un compromiso de los padres y adultos responsables establecer la disciplina de los niños y niñas.

Lo que no debe ocurrir bajo ninguna circunstancia es dejar de enseñarles criterios disciplinarios a los niños y niñas.  De hecho, los niños tienen derecho a recibir educación disciplinaria pues su carencia puede acarrearles problemas de interacción social, puede impedirles desarrollar objetivos personal y socialmente aceptables.  Un niño carente de disciplina tendrá dificultades con los otros niños en la escuela o la comunidad, tendrá dificultades para tener amigos, puede sentirse rechazado por los demás, su estima personal puede verse afectada y recibir muchas notas disciplinarias de sus maestros, incluso puede verse envuelto en conflictos con la ley.  Esto puede llevar al niño a un ciclo en el cual sienta que sólo es importante cuando logra hacer sentir a los demás tan mal como él se siente y a problemas cada vez mayores.

En conclusión, entre más temprano comienza más temprano cosechará los frutos de tener un hijo centrado, con autocontrol, feliz, sin los problemas y tensiones que la falta de disciplina impone en el clima familiar.

martes, 16 de agosto de 2011

Como ayudar a las personas


Nelson Riquelme Pereira
Mgter. Orientación en Salud Mental
rikelmeinfo@yahoo.com

“Tengo un amigo, Esteban, que tiene muchos problemas”, me dijo la señora Claudia, lágrimas corriendo por sus mejillas, “y yo, yo no sé cómo ayudarle - continuo- porque sus dificultades son muy grandes.  Él confía en que puedo ayudarle, no quiero defraudarle, pero realmente no se qué hacer, no quiere hablar con nadie más, no confía en ninguna otra persona, dígame ¿qué puedo hacer?”

Pensando en el predicamento de Claudia decidí mostrarle algunos criterios mínimos que han de tomarse en cuenta cuando uno realmente quiere ayudar a una persona.  Son sencillas formulas de comunicación interpersonal que le permitirán a doña Claudia conocer los problemas de su amigo Esteban y orientarlo en caso de que  necesite ayuda profesional.

Escuche atentamente: Las personas que tienen dificultades suelen agravar su situación si les falta alguien para compartir sus penas, sus emociones y sus pensamientos.  Cuando las personas comparten sus problemas se desahogan, esto los tranquiliza, permitiéndoles pensar mejor y, como resultado, eventualmente, encuentran alternativas o respuestas para enfrentar la situación.  En principio escuche todo lo que Esteban tenga que decir, con cuidado y prestando atención a los detalles.

Cree un ambiente propicio para el desahogo, libre de distracciones, cálido, con suficiente intimidad y decida escuchar sin interrumpir con preguntas necias y sin aventurarse a ofrecer soluciones inmediatas.  Use gestos y palabras que le den a entender a Esteban que usted le está prestando atención.  Mírelo mientras habla, muéstrele que le está escuchando evitando hacer juicios de valor, anticipar a lo que trata de decir, hacer comparaciones, ofrecer consejos a priori o eliminar ciertas informaciones.

Comprenda los problemas bien: Procure tener una clara idea de cuál es el problema que aqueja a la Esteban, luego de escuchar con atención pregúntele acerca de sus sentimientos, cómo se explica estar en la situación en que está, qué ha hecho al respecto y cuáles son sus opciones.  Ayúdele a reformular sus dificultades de manera fría y objetiva, ayúdele a tomar conciencia de cuales emociones están involucradas en la situación, del papel que estas juegan en el conflicto y de las razones o emociones que le impiden llegar a soluciones.

Dígale que la solución generalmente toma tiempo.  Es iluso esperar que un problema que se forma en un periodo de tiempo se solucione instantáneamente.  Ayude a Esteban a dimensionar el problema, a decidir cuál será el primer paso y de allí como continuará, a ver con qué recursos personales y sociales cuenta y qué personas pueden asistirle.  Anímele a tener paciencia, a tolerar la frustración y a ver el problema en perspectiva.

Ofrezca esperanzas: Las personas que tienen problemas, como suelen tener una visión negativa o fatalista de la vida, necesitan que quien les escucha les ofrezca esperanzas y que les indique que las cosas pueden mejorar si se empeña decididamente en realizar cambios en su vida.  Pero, esté atento a no dar la impresión de que subestima o menosprecia en problema de esta persona o su capacidad de razonar.  No use frases como: “... eso no es nada”, “tú te preocupas por esa pend...”, “eso no es problema, problema es el que yo tengo”..., etc.  Ante todo, asegúrele a Esteban que usted confía en que con esfuerzo, dedicación, motivación y una actitud positiva puede salir fortalecido de esta situación y prepararse mejor para las cosas por venir.

Muéstreles como enfrentar los problemas de forma creativa.  Revise con Esteban otros problemas que haya resuelto, analicen cómo llegó a esa solución y porqué está situación es diferente.  Procure que vea el problema desde diferente ángulo o perspectiva, piense creativamente qué cosas puede sustituir lo que causa el problema, con qué le se puede combinar, adaptar o modificar, cómo cambiar uno o varios elementos del problema o en las actitudes de la persona o las personas implicadas.  Recuerde que a veces para cambiar la realidad y sus circunstancias una persona tiene que comenzar por cambiarse a sí mismo.

En síntesis, la mejor forma de ayudar a Esteban a resolver sus problemas es orientarle a afrontar la situación de manera que pueda manejar decidida, honesta, valiente y creativamente las dificultades a las cuales se enfrenta, mientras fortalece sus destrezas personales, generando una actitud proactiva y una visión optimista de la vida..Recuerde siempre que usted no puede resolver los problemas por Esteben, que él tiene que hacer uso de sus recursos personales a fin el encontrar las soluciones más afectivas.

Si estos criterios no funcionan o lo hacen muy lentamente, si Esteban está muy afectado por la situación, si sus recursos personales son muy limitados y por el bienestar de su amigo oriéntelo para que procure asistencia psicológica.  Los psicólogos están capacitados para atender las dificultades emocionales, conductuales y los problemas existenciales de las personas con gran sentido asistencial y ético, procurando la conveniencia, seguridad y el desarrollo integral de quienes buscan sus servicios.

Como ayudar a las personas. La Estrella de Panamá, Lunes 28 de marzo de 2011.